En mi último artículo del blog, Diferencias entre baile y danza. ¡No son lo mismo!, hablaba sobre la complejidad de la danza, de su virtuosismo difícil de alcanza y que requiere de años de formación, de estudio. Frente a esto, explicaba cómo el ámbito más inmediato, edulcorado y superfluo del baile te invita a socializar y divertirte. Bien, ahora, me meteré en un berenjenal más gordo. Zambúllete conmigo en las profundidades marinas del misterio para ver cómo este puede expresarse a través de la danza.
¿Pero qué se entiende por «espiritualidad»?
Una forma de explicar la espiritualidad que me impactó, y que hasta hoy recuerdo, la encontré en una lectura de Erich Fromm. El psiquiatra sostenía que la espiritualidad no se limita al fenómeno religioso. En una visión holística, te componen dos partes como ser humano: una instintiva y otra racional. Tu parte instintiva abarca todo lo que compartes con los demás mamíferos. Mientras que tu parte racional es tu conciencia, tu moralidad, lo que te humaniza y, por lo tanto, te separa de estos. Para Fromm, la suma de estas dos partes origina la espiritualidad. Ahí es donde sucede la llamada a trascender. Esto, por supuesto, no niega la capacidad que ofrece la práctica religiosa de servir como marco propicio para el desarrollo espiritual. Aunque, como yo lo veo, descentra la espiritualidad del rito para enfocar en esencia el alma humana.
No es casual que hable de este tema en este preciso instante en el que nos encontramos en pleno Tiempo Pascual. Hoy es Domingo de Resurrección y deseo felicitarte la Pascua. Doy gracias por el don de la lluvia copiosa tan necesitada que ha marcado el tono emocional de esta Semana Santa (para mí, de alegría y fertilidad). Sin la bendición de este agua, la naturaleza no se renueva en plenitud. Hoy, gracias a esta lluvia, los corazones se abren a la esperanza de una nueva Vida y la danza puede servir de vehículo para que así sea.
¿Cómo puede alcanzarse un sentido espiritual con la danza?
Quiero compartir contigo un mensaje de alegría. Cuando danzas, te expresar en un lenguaje universal y ancestral: el lenguaje del Arte. Despliegas un misterio profundo que va más allá de los pasos y la gracia en los movimientos, del estilo… Encuentras una conexión con lo divino, desde la sencillez de ser persona; una comunión con el Creador que te inspira en tu propia carne a elevarte más allá de lo meramente mundano. ¿No es acaso la danza un fractal de la danza cósmica de las estrellas y los planetas? ¿No somos nosotros también parte de esa danza universal y Perpetua? La danza es un medio excelente para encarnar los símbolos, desde los más sagrados a los más personales y psicológicos. Por ejemplo, el círculo es símbolo de eternidad y unidad. La línea recta, nos lleva hacia adelante con determinación. El equilibrio, que nos enseña a encontrar la armonía en medio del caos… Y en cada paso, en cada gesto, puedes simbolizar también la Cruz invisible de cada día que llevas en tu corazón.
La danza es un camino de ascensión, una escalera hacia el cielo. Cada movimiento nos acerca a la gracia, a la belleza que trasciende lo físico. Así como Cristo se levanta de la muerte, también tú, a través de la danza, puedes levantar la mirada por encima de tus propias limitaciones, sin dejar por ello de reconocerlas, y alcanzar la luz. Esta es mi misión: proporcionarte un espacio concreto y seguro donde tengas la oportunidad de dejar fluir a través del movimiento y de las sensaciones corporales que se despiertan lo que, a un nivel mental más profundo, está tenso o bloqueado.
En esta Pascua, te animo a levantarte y seguir danzando. No solo como una rutina física, un medio para socializar o evadirte, sino como un acto de encuentro, de adoración, de agradecimiento que te lleve a sentir que todo tu ser se entrega. Que sus pies toquen el suelo con la reverencia de saber que están danzando en la presencia de lo divino.
Que una danza de elevación te lleve más allá, en tu rutina, y te conecte con la fuente de toda Vida. Que tu danza sea oración, tu cuerpo templo, y tu corazón un altar donde la danza y la espiritualidad se entrelazan en una sustancia única. Felices Pascuas.


